El origen

Augusto, para muchos el más grande emperador del Imperio Romano, nació el 23 de septiembre del 63 a.C. como Cayo Octavio Turino, en Roma, específicamente en la zona llamada «Las Curias Viejas», en una mansión situada en el Monte Palatino[1], muy cerca del Foro Romano[2] y del Arco de Tito[3]. Su familia paterna pertenecía a la clase de los Équites[4] y procedía de la ciudad de Velletri, a 40 kilómetros de la urbe[5].

Los historiadores se refieren a él como Octavio, en los hechos que relatan su vida desde su nacimiento hasta el 44 a.C.; como Octaviano hasta el 26 a.C.; y de ahí en adelante, hasta su muerte, como Augusto. Véase que el propio Octaviano, entre los años 44 y 26 a.C., nunca utilizó para sí mismo este nombre, eligiendo en cambio alinearse estrechamente con su tío abuelo, Julio César, y llevando su mismo nombre, decisión que provocó la famosa acusación de Marco Antonio, según Cicerón, de: «Tú, muchacho, todo lo debes a tu nombre»[6].

Su padre, Cayo Octavio, habría sido pretor y gobernador de Macedonia, un hombre que venía de una familia de luchadores, y que, aunque era rico y tenía aspiraciones políticas, carecía de la herencia nobiliaria que la mayoría de los romanos esperaban en sus líderes[7]. Consiguió su entrada a la nobleza gracias a su matrimonio con Acia, sobrina del futuro dictador Julio César, y pese a que, con él, Cayo Octavio obtuvo una mejor posición política, que parecía brindarle la oportunidad futura de un puesto en el consulado[8], murió de forma repentina en el 58 a.C. mientras volvía a casa de un viaje al extranjero y después de una exitosa temporada como gobernador provincial. Dejando huérfanos de esta manera a Octavio y a su hermana mayor Octavia. Al problema de la ausencia de una figura paterna para el joven Octavio se agregaría más tarde el mal manejo, o incluso el saqueo, de su herencia, de parte de uno de sus guardianes.

Acia habría sido una madre disciplinada que vigilaba de cerca la educación de sus hijos; una mujer perspicaz, pragmática y política que sirvió como un refuerzo determinante para la carrera del menor de sus vástagos. Después de enviudar, se casó nuevamente con otra prominente figura pública, Lucio Marcio Filipo, exgobernador de Siria, quien afirmaba ser descendiente de Alejandro Magno y se convirtió en cónsul en el 56 a.C. Debido al poco interés que este hombre mostraba por su hijastro en un principio, éste fue enviado a la casa de su abuela Julia, hermana de Julio César, quien se dedicaría a formarlo hasta su muerte en el 51 a.C., y después de lo cual el joven Octavio se movería a la residencia de su madre y su padrastro.

En tanto Octavio crecía, César revolucionaba Roma, una orgullosa república en la que el poder era compartido por las élites a través de cortes, asambleas, oficiales electos y el senado, pero que, sin embargo, se veía incapaz de resistirse a las aspiraciones de un conquistador como César y sus decenas de miles de leales soldados. A los 16 años, un año antes de la edad establecida para los demás jóvenes romanos, Octavio recibía la toga viril[9]; en el 47 a.C. resultó elegido al Colegio de Pontífices[10]; y en el 46 a.C. fue puesto a cargo de los juegos griegos en honor al Templo de Venus Genetrix[11], construido por su tío-abuelo. La madurez del hijo de Acia lo empujaría incluso a intentar unirse a Julio César, este mismo año, durante su campaña en África; no haciéndolo sólo debido a la negativa de su madre, quien se preocupaba por su salud.

El camino hacia el poder

Más tarde, en el 45 a.C., la progenitora le daría el anhelado permiso para unirse a César en Hispania, cosa que el joven no pudo hacer en un primer intento debido a una enfermedad crónica que se lo impidió, pero que llevó a cabo con éxito en una segunda ocasión. Antes de partir en su misión de aplastar la rebelión desatada en la referida provincia, César habría visitado a Octavio. Se dice que durante la navegación de este último al frente, la embarcación que lo transportaba naufragó, de modo que se vio obligado, tras llegar a la costa, a cruzar territorio hostil antes de alcanzar al campamento de su admirado tío. Este hecho habría impresionado al conquistador, al punto de compartir su carro con el joven, de nombrarlo discretamente como el principal beneficiario en su nuevo testamento y de brindarle una adopción póstuma, una vez de regreso en Roma; a la que el joven Octavio ya había marchado antes junto a su tío, después de las victorias de éste en Galia y en la Guerra Civil, siendo honrado como si fuera su propio hijo.

Octavio era un joven con ambición, un político natural, inteligente, comunicativo, guapo y encantador; que había pronunciado las oraciones fúnebres durante el entierro de su abuela, y que, aunque no era un soldado de nacimiento, era tenaz, astuto y valiente. Tenía una voluntad de hierro, y sobre todo, contaba con Acia, quien seguramente lo alababa frente a César en cada oportunidad que tenía. La mujer le habría narrado a su tío en cierta ocasión una historia en la que, según ella, el verdadero padre de su hijo no era Cayo Octavio, sino el dios Apolo, quien en la forma de serpiente la visitó en un templo, dejándola embarazada y con una marca permanente en su cuerpo. Y pese a que César probablemente no creería esta historia, él sabía que la masa, siempre incrédula, sí se impresionaría con ella y no la cuestionaría.

Efigie de Acia en una medalla.[12]

Dadas estas cualidades, la admiración de Julio César hacia su sobrino no haría sino crecer durante el tiempo que pasaran juntos. El dictador probablemente veía en él la semilla de una grandeza porvenir. Con todo, cuando las noticias del testamento se conocieron, algunos encontraron increíble que un joven de 17 años fuera capaz de persuadir al hombre más poderoso del planeta para convertirse en su heredero. Y así, algunos lo acusaron de haber dado favores sexuales a cambio. Marco Antonio lo acusaría en el futuro de haber tenido un romance con César mientras los dos estuvieron en Hispania; claro que se trataba de la típica calumnia que los políticos romanos se hacían unos a otros, y, además, tanto Octavio como César eran conocidos por sus aventuras con distintas mujeres, de modo que el alegato de su rival era probablemente una falacia.

En Roma, Octavio, ya Octaviano, dejó de vivir con su madre y su padrastro, pero se mantuvo cerca de ellos. También continuó su educación en oratoria, filosofía y literatura; tanto en griego –el lenguaje preferido por la élite de entonces– como en latín. Se mantendría leyendo y dando discursos aun cuando la guerra interrumpiera sus estudios. A los 18 años, se dice que decidió dejar de tener sexo por 12 meses, debido a que, según él, ello lo ayudaría a mantener su voz fuerte. Estrategia que tal vez funcionó, puesto que más tarde sería conocido por su suave y distintiva voz, distinta del penetrante sonido vocal que caracterizaba a su tío.

César nombraría a Octaviano Magister Equitum, o su segundo al mando; posición que, pese a ser ceremonial, le ofrecía visibilidad y la oportunidad de establecer contactos. El dictador planeó una campaña de 3 años para conquistar el Este, que empezaría en marzo del 44 a.C. En el diciembre anterior, el hijo de Acia dejó Roma por orden de César y, acompañado de Marco Vipsanio Agripa, quien se convertiría en su mano derecha de por vida[13], cruzó el Adriático para llegar al cuartel general que se hallaba establecido en lo que hoy es Albania. Ahí el joven hizo invaluables contactos con comandantes legionarios.

El 15 de marzo del 44 a.C. todo cambiaría luego de que una conspiración de más de 6 prominentes romanos, liderados por Marco Bruto, Cayo Casio Longino y Decimo Bruto, acabara con la vida de Julio César durante una reunión del Senado. Esto instantáneamente convertía a Octaviano en un blanco, dada su cercanía con el muerto. Su madre, que se encontraba en Roma y debía organizar el funeral de César –según se indicaba en su testamento–, rápidamente le envió un mensaje a Octaviano. Éste estaba considerando la posibilidad de lanzar una revuelta armada en el cuartel del Adriático, a lo que su madre se opuso con vehemencia, pues sabía que la clave del futuro estaba en Roma, así que lo urgió a regresar. Después de consultarlo con amigos y consejeros, el joven estuvo de acuerdo y zarpó de vuelta a Italia.

La muerte de Julio César, de Jean-Léon Gérôme.[14]

La pérdida de su tío habría sido dolorosa para Octaviano, y éste, en un gesto romano tradicional de luto, dejó crecer su barba. Claro que el dolor no era lo único que lo acompañaba, también sentía miedo, enfado y ansias de vengarse. La muerte de César era una oportunidad tanto como un golpe. Octaviano era ahora la cabeza de la familia, y estaba llamado a heredar el puesto de dictador. Cosa que haría no sin antes luchar.

Tras la muerte de Julio César

Con un discurso que, más tarde, él mismo difundiría orgullosamente, y en el que juró alcanzar el honor de su padre adoptivo en tanto estrechaba con su mano derecha una de sus estatuas, Octaviano, con solo 19 años, ya reclamaba para sí todo el poder y la gloria de Julio César. Y aunque tal vez había un tanto de megalomanía en sus ambiciosas pretensiones, el joven lo compensaba siendo lo suficientemente cauteloso y obediente de los consejos de su madre y padrastro.

Roma estaba ahora llena de enemigos. El cónsul Marco Antonio dirigía la ciudad y los asesinos de César se reagrupaban después de haber sido incapaces de hacerse con el poder. Con 39 años, Marco Antonio, hijo de una noble familia romana, estaba en la mejor etapa de su vida; era guapo, fuerte, un soberbio general, un político cauteloso y un excelente orador. Tenía por deidad a Hércules, símbolo de responsabilidad, justicia y valor militar; miraba a Octaviano como un individuo inferior y creía que él era el verdadero sucesor del dictador asesinado.

Octaviano, por su parte, reafirmó la adopción que César le había brindado en su testamento, cambiando su nombre a César, uno que usaría como una suerte de talismán de poder, como si lo hubiese tenido desde su nacimiento y como si viniera respaldado con la fuerza de centurias. Acia fue la primera en llamar a su hijo César, aunque no sería la última. El joven, que era audaz, pero no impaciente, violento, pero no impetuoso, se movía estratégicamente y le mostraba a la gente sólo lo que ésta quería ver de él. Se convirtió en un individuo misterioso, que, como la figura que utilizaba para sellar documentos, una esfinge, sabía cómo tentar a las personas. Empezando por el vecino de su padrastro en la casa de campo de la bahía de Nápoles: Marco Tulio Cicerón, uno de los estadistas más elocuentes y persuasivos del mundo antiguo, de cuyos trabajos filosóficos prácticamente derivó el pensamiento político latino.

Cicerón, cuyo corazón latía por la República, recibió el perdón de César después de la Guerra Civil[15] gracias a su obra literaria, en tanto veía cómo la puerta hacia el poder se le cerraba de golpe. Había regresado del retiro después de la muerte del dictador, para apoyar a los asesinos, y ahora, sin embargo, Octaviano lo convencía de que él podía restaurar la libertad truncada por su tío-abuelo. Claro que el sabio, que deseaba la restauración de la República y evitar el surgimiento de un segundo dictador, sabía que apostar por Octaviano era arriesgado; no obstante, creyó que era mejor hacerlo por él que por Marco Antonio, hombre que, por ser mayor y más experimentado, resultaba mucho más peligroso y difícil de controlar.

Estatua reconstruida de Augusto joven.[16]

Octaviano, determinado a rivalizar con Marco Antonio por el poder, partió al Sur de Italia a cabildear con ex soldados de Julio César para que se le unieran; utilizando como herramientas su estatus como heredero del exdictador, y la porción de los fondos que habían sido repartidos por César para una futura guerra contra el Imperio Parto, y que él reclamó cuando estuvo en Brindisi; zona de estacionamiento para las operaciones militares en Oriente. El joven también obtuvo recursos cuando, aun sin permiso oficial, se apropió del tributo anual que había sido enviado de la provincia del Oriente Próximo a Roma. Con el tiempo logró convencer a muchos veteranos y a los cuerpos militares diseñados para la guerra con los partos. Para junio del 44 a.C., contaba con un ejército de tres mil hombres, cuya parte más importante eran dos legiones que había logrado seducir y alejar de Marco Antonio, ofreciéndoles más dinero y menos disciplina. Con este poder, el joven lograba entonces la atención del Senado, que se encontraba al borde de una inminente lucha armada en contra de Marco Antonio y sus tropas.

Un Marco Antonio que, pese a ostentar un gran poder político, veía debilitada su posición debido a la pérdida de apoyo de los simpatizantes de César –dada su oposición a divinizarlo– y a la hostilidad misma de los senadores que querían restaurar la república –entre ellos Cicerón, que emprendía una un ataque hacia el general mediante una serie de discursos en los que manifestaba que éste constituía la mayor amenaza para el orden del Senado–, reconoció el peligro en la fuerza militar de Octaviano y decidió irse a la Galia Cisalpina[17]; territorio del que había querido apoderarse a través de una serie de leyes que intentó aprobar antes, y donde gobernaba Décimo Junio Bruto Albino, uno de los asesinos de César.

Busto de Marco Antonio.[18]

El primero de enero del 43 a.C. el general logró que le fuera concedida la provincia; no obstante, Decimo Bruto se negó a ceder, y Antonio lo asedió en Mutina (actual Módena), ignorando las resoluciones aprobadas por el Senado para detener el conflicto, dado que creía que éste no tenía un ejército para hacerlas cumplir. Esto le dio una oportunidad a Octaviano, quien, a instancias de Cicerón, se convirtió en Senador y obtuvo el propraetor imperium[19], cosa que legalizó su mando de tropas y permitió que fuera a enfrentarse a Antonio junto con los cónsules Hircio y Pansa.

Primer conflicto con Marco Antonio

En abril del 43 a.C., los dos bandos se enfrentaron en dos batallas en el Norte de Italia. Primero en la batalla del Foro de los Galos, y luego en la batalla de Mutina[20]. Marco Antonio, un duro guerrero, se refería a Octaviano como un cobarde, que nunca había visto una guerra. El joven, sin embargo, demostró un gran coraje, especialmente en la segunda contienda, cuando heroicamente levantó el águila de su legión después de que su portador sufriera una severa herida y la dejara caer. Antonio perdió la lucha y tuvo que retirarse a la Galia Transalpina[21], en el lado contrario, los cónsules Hircio y Pansa murieron, y el joven Octaviano se quedó con el mando exclusivo del ejército.

Batalla de Mutina.[22]

El Senado había querido que Octaviano persiguiera a Marco Antonio, pero éste no lo hizo, sabía que lo mejor era no confiar demasiado en sus miembros; de modo que cuando supo que Cicerón había dicho que: «el joven hombre debería ser honrado y exaltado, y luego fuera», se molestó, pero no se sorprendió; y así, en tanto Marco Antonio se reagrupaba y fortalecía obteniendo victorias sobre tropas de la Galia, el hijo de Acia decidía cambiar de curso, probablemente también motivado por el hecho de que el Senado otorgara muchas más recompensas a Décimo Bruto que a él, por la derrota de Marco Antonio –entre ellas, el intento de cederle el mando de las legiones consulares–, a lo que Octaviano respondió quedándose en el valle del Po[23] y negándose a ayudar en cualquier ofensiva contra Antonio.

En julio, Octaviano envió una embajada de centuriones a Roma, para exigir los consulados dejados vacantes por Hircio y Pansa, además de la derogación del decreto que señalaba a Marco Antonio como enemigo público. Los senadores aceptaron de mala gana, y más tarde renegaron, mientras esperaban en vano la ayuda de tropas del exterior. Entretanto, intentaron capturar como rehenes a Acia y a Octaviana, quienes lograron huir y mantenerse a salvo entre las vírgenes Vestales. En parte por esto, y en parte por la negativa del Senado a nombrarlo Cónsul, Octaviano marchó sobre Roma con ocho legiones, no encontrando oposición militar alguna, y recibiendo el título de cónsul el 19 de agosto del 43 a.C., con su pariente Quinto Pedio como co-cónsul. La reunión entre el joven y Acia, a quien liberó de la persecución junto a su hermana, duró bastante poco, pues la mujer, tan importante para la carrera política de Octaviano, falleció al poco tiempo, entre agosto y noviembre. Octaviano persuadió al Senado de otorgarle un funeral público a la mujer, y ésta se convirtió en la primera en recibirlo, en la historia de Roma.

El Segundo Triunvirato

Para los asesinos de Julio César, que habían recibido una amnistía poco después de los «Idus de marzo»[24], la suerte cambiaría con Octaviano como cónsul, dado que éste, tomándose personal la muerte de su padre adoptivo, hizo aprobar una ley que los sentenciara a muerte. También invitó a Marco Antonio a regresar a Roma, y al aliado cesáreo con que éste se había aliado: Marco Emilio Lépido, para hacer la paz. En octubre los tres hombres se juntaron cerca de Bolonia y formaron el Segundo Triunvirato[25]; los tres hombres poseerían poderes dictatoriales por cinco años, pudiéndolos renovar después de ese período. Con sus más de 40 legiones, dividieron el Oeste del imperio entre ellos, mientras Bruto y Casio, quienes dejaron Roma luego del asesinato de Julio César, controlaban el Este.

Una de las primeras decisiones tomadas por el triunvirato fue llevar a cabo una purga. Cerca de dos mil romanos ricos y/o pertenecientes a la élite fueron sentenciados a muerte y sus tierras confiscadas; la mayoría de los cuales, sin embargo, escapó. Solo 300 fueron asesinados; entre ellos, Cicerón el más famoso. Se dice que la decisión de ejecutar esta matanza estuvo motivada en parte por la necesidad de recaudar dinero para pagar los salarios de sus tropas, para el próximo conflicto en contra de los asesinos de César. Los historiadores modernos y antiguos discuten cuál fue el triunviro más despiadado de todos; algunos afirman que Octaviano es inocente, y/o que trató de salvar tantos como pudo; otros le atribuyen el mayor derramamiento de sangre.

Como parte de su nueva alianza con Marco Antonio, el joven se casó con Claudia, la hermanastra menor del general. El 1 de enero del 42 a.C., demostraría una vez más su devoción a la memoria de su padre adoptivo, haciendo que el Senado lo declarara un dios, lo que le permitiría en el futuro ser considerado como el hijo de un dios. Se promulgó una ley para construir un templo e instituir la adoración al ahora deificado Julio César. Octaviano, con apenas 24 años, había logrado grandes cosas. Su ambición no tenía límites, poseía una aguda inteligencia, un juicio seguro, una admirable ética de trabajo y una gran capacidad de persuasión.

El enfrentamiento de las tropas cesáreas contra Bruto y Casio tuvo lugar en la ciudad griega de Filipo, en el 42 a.C. Octaviano se asoció con Marco Antonio, y éste tuvo un importante desempeño en las dos batallas que trajeron la victoria. Aquí el hijo adoptivo de Julio César tuvo que enfrentar una vez más la acusación de cobardía cuando, en la primera lucha, el enemigo capturó su campamento con él habiendo huido poco antes. Más tarde diría que estaba enfermo y que había tenido una visión que le advertía que corría peligro. Claro que se recuperó y ordenó cortar la cabeza de Bruto y enviarla a Roma a ser colocada en los pies de una estatua de Julio César. Éste y su aliado Casio fueron forzados a suicidarse.

Luego de la gran victoria en Filipo, Marco Antonio y Octaviano todavía tenían que traer paz al mundo romano bajo su control; y así, determinaron dividir el imperio. Lépido obtuvo la provincia de África; Marco Antonio gobernaría el Este, desde su base en Atenas; y Octaviano el Oeste, desde Roma, con Hispania cedida de parte de Marco Antonio.

Octaviano como magistrado.[26]

Bibliografía

Adrian Goldsworthy. Augustus; First Emperor of Rome (2014).

Barry Strauss. Ten Caesars; Roman Emperors from Augustus to Constantine.

David Potter. The Emperors of Rome; The story of Imperial Rome from Julius Caesar to the last emperor (2013).

Michael Kerrigan. Dark History of the Roman Emperors (2012).


[1] La más céntrica de las siete colinas de Roma; una de las áreas más antiguas de la ciudad, donde, según la leyenda Rómulo fundaría Roma y fijaría su morada. Asimismo, lugar en el que se hallaría la residencia de los futuros emperadores.

[2] La zona central de Roma, semejante a las plazas centrales en las ciudades actuales, donde están las instituciones de gobierno, mercado y religión; donde tienen lugar el comercio, los negocios, la prostitución y la administración de justicia.

[3] Arco honorífico construido por el emperador Domiciano poco después de la muerte de su hermano, Tito, en la calle principal de la antigua Roma, para conmemorar sus victorias.

[4] Clase social de la antigua Roma, cuya dignidad y costumbre fueron cambiando a lo largo de los años.

[5] «La Urbe», dado su significado de ciudad-estado con funciones políticas y religiosas, se refiere por antonomasia a la ciudad de Roma.

[6] Lexundria. Philippics, 13.24. https://lexundria.com/cic_phil/13.24/y

[7] Para los romanos, los «nobles» eran quienes descendían de los cónsules o de los magistrados.

[8] Cargo más alto de la República Romana.

[9] Tipo de toga que en la antigua Roma significaba el paso de la infancia a la adolescencia. Era blanca, sin adornos ni tintura y podía ser usada por cualquier ciudadano en edad adulta. Una vez se vestía esta toga, ya se podían ejercer los cargos de la República o del Imperio.

[10] Institución de la Antigua Roma que estaba compuesta por los sacerdotes de más alto rango de la religión estatal, de carácter politeísta. El colegio estaba compuesto por el pontífice máximo, las vestales (sacerdotisas consagradas a Vesta, diosa del hogar), el rex sacrorum y los flamines.

[11] Diosa del amor, la belleza y la fertilidad de la mitología romana a quien se adoraba y festejaba en muchas fiestas y mitos religiosos romanos.

[12] Wikimedia Commons. Atia Balba Caesonia. commons.wikimedia.org/wiki/File:Atia_Balba_Caesonia.jpg

[13] Agripa, como su amigo Octavio, venía de una próspera familia italiana que, no obstante, no gozaba de conexión alguna con la nobleza romana. Lo que sí tenía Agripa en abundancia era un genio práctico, coraje, asertividad y, sobre todo, lealtad. Octavio sin duda obtuvo un gran beneficio al hacer de Agripa su seguidor. Y este último estaba agradecido con el primero, debido a que logró convencer a Julio César de liberar a su hermano, incluso aunque éste se había sublevado en contra del conquistador.

[14] Wikipedia. Jean-Léon Gérôme – The Death of Caesar – Walters 37884. en.wikipedia.org/wiki/File:Jean-Léon_Gérôme_-_The_Death_of_Caesar_-_Walters_37884.jpg

[15] Conocida como la segunda guerra civil de la República romana; un conflicto militar librado entre el 49 a. C. y el 45 a. C., que consistía en el enfrentamiento personal de Julio César contra la facción tradicionalista y conservadora del senado liderada militarmente por Pompeyo Magno. Finalizaría con la derrota de la facción de los Pompeyanos y el ascenso definitivo de César al poder absoluto como dictador.

[16] Wikipedia. Augustus Statue. en.wikipedia.org/wiki/File:Augustus_Statue.JPG

[17] También llamada Galia Itálica; zona que estaba conformada por todas las tierras del norte de los ríos Arno y Rubicón.

[18] Wikipedia. Marcus Antonius marble bust in the Vatican Museums. https://en.wikipedia.org/wiki/File:Marcus_Antonius_marble_bust_in_the_Vatican_Museums.jpg

[19] Título bajo el que se le otorgaba el poder de un Pretor (magistrado romano cuya jerarquía se alineaba inmediatamente por debajo de la de cónsul), fuera del Pomerium, que era la frontera sagrada de Roma.

[20] Se dice que después de Mutina Octavio pasó de ser el joven e ingenuo heredero de Julio César, al hombre que podía competir con Antonio por el poder en Roma.

[21] También conocida como Galia Ulterior, era la provincia romana que se encontraba al otro lado de los Alpes.

[22] Pinterest. Batalla de Mutina 43 a.C. (Peter Dennis). https://www.pinterest.cl/pin/9288742971052741/

[23] Situado entre los Alpes, al Norte y al Oeste, los Apeninos al Sur y el mar Adriático al Este.

[24] Los Idus de marzo correspondían a los 15 días del mes de marzo; días de buenos augurios que tenían lugar también en mayo, julio, y octubre, y los días 13 del resto de los meses del año. Se volvieron más famosos que sus homólogos de otros meses, por estar marcados por varias observancias religiosas y por haberse producido en esa fecha el asesinato de Julio César.

[25] Era «Segundo Triunvirato», porque antes hubo una alianza política similar entre tres hombres, llamada «Primer Triunvirato», y compuesta por Pompeyo Magno, Julio César y Marco Licinio Craso.

[26] Wikipedia. Caesar augustus. https://en.wikipedia.org/wiki/File:Caesar_augustus.jpg