En el amplísimo mundo del internet, hoy en día es bastante común toparse con esperpentos informativos que, bajo el pretexto de dar a conocer, o demostrar, alguna supuesta realidad, se apoyan en cualquier clase de argumentos, muchas veces sin importar cuán disparatados puedan ser éstos. Algunos por completo absurdos, repletos de mentiras o verdades distorsionadas de principio a fin, muy sencillos de rebatir, como esos que intentan negar el holocausto bajo encabezados del tipo: «LAS 55 PREGUNTAS QUE NADIE SE ATREVE A HACER SOBRE EL HOLOCUENTO»[1], y otros un tanto más «trabajados», en los que se entrelazan hechos y reflexiones más o menos ciertos y razonables, con consideraciones ya de lleno descabelladas. Aunque uno más risible que el otro, ambos tipos de artículos burdos intentos de subyugar la realidad a determinadas ideas, ignorando, probablemente de forma deliberada, todo aquello que pudiera cuestionar la validez de las mismas.

En general, cuando me encuentro con estos artículos, luego de tropezarme con el primer o segundo disparate entre sus líneas y, por lo tanto, reconocer el camino que viene a continuación, suelo reírme un poco y preguntarme quienes serán las pobres almas que creen tal barbaridad. Cierro la página y hago una nota mental involuntaria como para asegurarme de nunca olvidar la dirección web en cuestión, y así no volver a entrar a ella a perder el tiempo jamás. Sigo con mi vida como si nada, haciendo de cuenta que lo leído no fue más que una ficción narrada por una suerte de escritor de comedias, y que los que no distinguen ésta de la realidad son individuos destinados a vivir una fantasía, a quienes ni el más certero de los razonamientos podrá ayudar.

A veces, sin embargo, estos adefesios textuales son tan leídos por tantas personas –cosa que se deduce de los comentarios que uno halla al final o del número de seguidores–, y exponen una cantidad de insensateces tan alta y tan aparentemente sustentadas, que llegan a provocarme una molestia de la que solo puedo deshacerme elaborando una explicación de por qué lo manifestado no cuenta con el más mínimo nivel de veracidad, y de que el objetivo de esto no es más que hacer que la gente se sienta atraída hacia ciertas ideas en tanto desprecia otras opuestas. Todo aun a sabiendas de que tal vez muy poca gente, o quizá nadie, llegará a leerme. Se trata más bien de una especie de reyerta que tiene lugar solo en mi consciencia.

Es bajo este contexto donde aparece el artículo web del periódico chileno «El Ciudadano», titulado: «¿Qué hace Venezuela diferente al resto de los países para derrotar al COVID-19?», y escrito por Orlando Rangel en mayo de este año. Es la segunda ocasión en que me veo impelido a escribir contra una publicación online. En este caso debido a las abundantes y descaradas falacias que se exhiben, directa e indirectamente, una y otra vez, sobre Venezuela, nación que está atravesando una catástrofe social sin precedentes en la historia reciente de Latinoamérica y cuya evidencia más contundente se encuentra en los millones de inmigrantes que han salido de ella siguiendo derroteros que les permitan en algún momento alcanzar unas condiciones de vida apenas dignas.

Como bien puede reconocer cualquier persona que empiece a leerlos y tenga una película más o menos clara de los malos hábitos de las corrientes políticas de extrema izquierda –que también se perciben en las de extrema derecha, hay que decirlo–, los artículos de El Ciudadano critican con intensidad y harta frecuencia todo aquello que contravenga las ideas marxistas y/o sus asociadas, al tiempo que alaban las que parezcan respaldarlas; no importa que con esto último el autor esté poniendo en tela de juicio su ética o principios morales, al faltar de forma flagrante a la verdad y/o al enaltecer hechos francamente nefastos. Y es que aquí, como indiqué antes, no interesa la realidad, lo único relevante es lograr la difusión de la ideología que se defiende.

A continuación, voy a llevar a cabo un análisis del artículo referido, para dejar en evidencia desde las patentes mentiras que expone, hasta su enfermiza parcialidad izquierdista, manifestada a través de afirmaciones del tipo: «Los Gobiernos de Estados Unidos, Colombia, Brasil, Canadá, Chile, Ecuador, Perú y Bolivia buscan quedar bien con los sectores empresariales de gran poder económico y flexibilizar las cuarentenas sociales», que empiezan ya en el encabezado. Y aunque, siendo riguroso, tal vez sea injusto considerar a El Ciudadano como un periódico detestable y embustero, sólo por un artículo que contiene errores deliberados hasta en la médula, dado el nivel de barbaridad de éste, no suena lógico que en otros hagan precisamente demostraciones de calidad periodística.

Por otro lado, y como una aclaratoria a esos precipitados e intolerantes fanáticos políticos, tan abundantes hoy en día en este país dado el período histórico que se vive, este texto no tiene nada que ver con el amparo de ninguna clase de ideología, de derecha, centro, o de cualquier otro punto de tal espectro; su objetivo más bien es –además de ser una suerte de válvula de escape para la sensación de ofensa que me surgió después de leer tantas patrañas–, desde un punto de vista filosófico, esclarecer la verdad de las cosas. Esa verdad que suelen olvidar los partidos políticos aspirantes al poder, y que es tan importante para el ciudadano común en tanto fuente de aprendizaje y comprensión de su propia realidad.

Venezuela vs el imperio y sus aliados

En el primer apartado del artículo, Rangel, como buen seguidor del comunismo, se dedica a establecer una línea de rivalidad entre varios países de la región y Venezuela, que se mantendrá a lo largo de toda la lectura y en la que la nación caribeña aparece como una especie de víctima y héroe que resiste de forma admirable los incesantes embates de sus perversos enemigos y aun les demuestra su superioridad. Esas repúblicas son, por un lado, Colombia, Chile, Brasil, Canadá, Ecuador, Perú y Bolivia, todas, excepto Ecuador, que funge sólo como observador, miembros del llamado Grupo de Lima, que se formó en la ciudad homónima en agosto del 2017 con el objetivo de presionar al gobierno de Nicolás Maduro; y por el otro, Estados Unidos, el súper villano que no puede faltar jamás en ningún relato socialista.

Sin perder demasiado tiempo, Rangel nos plantea que esta suerte de liga del mal no ha sido capaz de contener el COVID-19 debido –si bien esta parte no la manifiesta de forma explícita– a que no ha querido llevar a cabo cuarentenas inflexibles, por su afán de «quedar bien» con ese sector empresarial de «gran poder económico» al que, por alguna razón no precisada, buscarían complacer de forma permanente. Cosa que, por el contrario, sí ha logrado hacer Venezuela, como, según él, se evidencia en sus cifras mínimas de contagios y en el «aplanamiento» de la curva relacionada.

Venezuela y su sistema sanitario

Lo primero que pasa por alto este autor, que acude sin preámbulos a la vinculación típica que suele hacer la extrema izquierda entre «poder económico» y perversión, es que la credibilidad del gobierno de Venezuela, en la actualidad, es nula. Nadie medianamente razonable que haya visto o escuchado sobre la crisis social y económica que tiene lugar allá –y que no sea un ávido seguidor de la ideología marxista–, creería que el gobierno de Maduro dice la verdad con sus cifras de 88.035 contagios y poco más de 750 muertes. No por nada tantas organizaciones en todo el mundo consideran que éste no es más que una dictadura; percepción que se corrobora ya en el férreo control que posee sobre las principales instituciones del país, y en la persecución que lleva a cabo a partir de ellas en contra de sus adversarios.

Hace varios meses, en plena pandemia, cuando, según Maduro, los fallecidos por esta enfermedad en Venezuela no superaban la decena, Kathleen Page, médica y profesora asociada de la escuela de medicina de Johns Hopkins, y José Miguel Vivanco, director del Human Rights Watch (HRW) para las Américas, opinaban que los datos entregados por el oficialismo eran por completo absurdos, dada la catastrófica situación del sistema de salud venezolano. No tenía ningún sentido que sólo hubiera 10 fallecidos –de acuerdo con las cifras entregadas por el gobierno– en una nación de más de 25 millones de habitantes, que sufre graves carencias de productos y servicios sanitarios básicos –como agua o alcohol–, y donde hay hacinamiento en una buena cantidad de barrios y cárceles.

Protestas de profesionales de la salud en Venezuela.[2]

La última vez que en Venezuela se revelaron datos oficiales sobre el sistema de salud fue en 2017, y horas después de ello, Antonieta Caporale, la encargada del Ministerio en cuestión y quien habría ordenado dicha publicación, fue destituida de su cargo. Los boletines epidemiológicos divulgados en ese entonces, que no aparecían desde el 2015, daban cuenta de un notable aumento en la mortalidad infantil y en los casos de malaria y otras enfermedades. Fue una evidencia más de lo que ya el venezolano común y otros organismos no gubernamentales habían estado advirtiendo, y presenciando, desde los últimos años de vida de Hugo Chávez.

En marzo del 2015, una red venezolana de médicos, conocida como Médicos por la Salud, dio a conocer los resultados de una encuesta hecha en 130 hospitales públicos de 19 estados (el país tiene 23), que mostraba que el 44% de los quirófanos no estaban operativos; que el 94% de los laboratorios tenían fallas en el funcionamiento o falta de reactivos; que en el 60% de los medicamentos o insumos médicos básicos, había escasez o deficiencia absoluta; y que la mayoría de los medicamentos de la Lista Modelo de Medicamentos Esenciales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), no se hallaban disponibles en las farmacias.

Desde aquellos años la crisis sanitaria no ha hecho sino incrementarse de forma trágica, como se puede comprobar en los informes y datos emitidos por cualquier organización seria a lo largo de todo este tiempo; y en el testimonio de la enorme mayoría de los venezolanos –incluso maduristas–, quienes, de seguro, no sentirán que ninguna cifra expresa de verdad la profundidad del problema que padecen. Hoy en día, remitiéndonos a datos de este año, Venezuela, que ocupó el lugar 180 de los 195 posibles en el Índice de Seguridad Sanitaria Global del año pasado, tiene un sistema de salud colapsado, en el que la escasez de insumos y materiales y la interrupción de servicios de agua y luz se encuentran a la orden del día.

Crisis hospitalaria en Venezuela.[3]

Entre noviembre y diciembre de 2019 y más tarde entre marzo y mayo del 2020, equipos de HRW y de los Centros John Hopkins llevaron a cabo entrevistas a profesionales de la salud, primero telefónicas, en 14 hospitales públicos de Caracas, Anzoátegui, Barinas, Bolívar, Lara y Zulia; y luego de seguimiento, que incluyeron a actores humanitarios y expertos en sanciones. La investigación manifestó por enésima vez la precariedad del sistema de salud venezolano. Médicos y enfermeros dijeron que prácticamente no había jabón ni desinfectante en sus sitios de trabajo; los cortes de agua son tan comunes –durando incluso semanas, o meses, en hospitales de zonas remotas–, que los pacientes y el personal sanitario deben llevar su propia agua para lavarse las manos, beber, limpiar los artefactos quirúrgicos y descargar los inodoros; y la falta de insumos como jeringas, guantes o tapabocas continúa siendo grave. Un informe de un dirigente sindical médico y otras dos encuestas nacionales –una sobre el impacto del COVID-19 y otra a proveedores de servicios de salud–, ratificarían entre febrero y mayo de este año la deficiencia de agua potable y de insumos. Ubicando la escasez de guantes en un 57.14%, de tapabocas en 61.9%, de jabón en un 76.19% y de alcohol desinfectante en 90.48%.

Por otro lado, todos los inmigrantes venezolanos conocen de cerca la gravedad de la situación actual en Venezuela, con el coronavirus y en general, a través de los relatos de familiares o allegados que están allá sufriéndola. Desde familias pequeñas en las que la casi todos los miembros han fallecido, hasta personal de salud que afirma que en su hospital nadie sabe qué hacer para atender a tantos pacientes infectados. El hermano de una amiga mía, radicada en Chile desde hace varios años y oriunda del estado Táchira, se infectó de COVID-19 en junio y tomó la decisión, apoyado por sus consanguíneos, de no asistir a ningún centro asistencial bajo el argumento de que allí podría irle peor, considerando los problemas con el agua, los insumos y la cantidad de otros infectados que habría. Simplemente se encerró en su habitación confiando en que, dado que tenía 29 años y era un joven aparentemente sano, pronto estaría bien. Días más tarde su condición empeoró y murió irremediablemente, dando lugar de esta manera a un caso que con toda seguridad se ha repetido en muchísimas ocasiones a lo largo y ancho del país, y evidenciando el particular temor de los venezolanos de que su concurrencia a un hospital no haga sino agravar sus dificultades.

A lo anterior podemos sumar: la escasez de gasolina y de alimentos que hace que millones de venezolanos se encuentren en la obligación de salir a la calle a tratar de solventar sus problemas, irrespetando así cualquier medida restrictiva impuesta por Maduro; y el hecho de que Venezuela sea la nación latinoamericana que menos pruebas de PCR realiza, y la penúltima del mundo, sólo superando a Indonesia, entre esas que reportaron públicamente la cantidad de pruebas realizadas durante la epidemia. Implicando esto la incapacidad de estimar el alcance y la evolución de la enfermedad de forma acertada.

Hambre en Venezuela.[4]

Ante este panorama ¿Tiene sentido entonces que se diga, o se sugiera cuando menos, que Venezuela ha sido exitosa en el manejo del coronavirus? A menos que uno sea un fanático marxista, claramente no. Lo más probable es que, como han indicado una y otra vez los políticos de oposición, Maduro y sus acólitos estén mintiendo descaradamente en las cifras de contagios y muertes; cosa que bien podrían hacer teniendo en cuenta la cautela con que transmiten información a la población y, a decir verdad, las oscuras actividades que han estado ejecutando para mantener el poder y neutralizar a sus adversarios. Y entre tantas cosas en apariencia ignoradas por nuestro Orlando Rangel, de manera consciente o no, también se halla la de que las cuarentenas inflexibles de Maduro iniciadas en marzo, más allá de prevenir la propagación del COVID-19, tenían el objetivo de evitar que la ciudadanía saliera a protestar por la fuerte escasez de gasolina; como reconocieron los venezolanos al poco tiempo.

La «heroica» Venezuela

Volviendo a la rivalidad entre el caribeño y los otros países mencionados, vale la pena decir que Rangel no nombra, ni por casualidad, a Argentina y a México, naciones que en aquel momento –el de la publicación de su artículo– también estaban siendo golpeadas por la enfermedad, podríamos decir que en un mismo nivel que Chile, Perú, Ecuador y el resto de los miembros de su liga del mal ¿Por qué el autor no tuvo en cuenta a estos dos países en sus comparaciones? ¿Será por el cambio de rumbo hacia la izquierda que ambos están viviendo bajo Alberto Fernández y Andrés Manuel López Obrador (AMLO), respectivamente? Es probable; ya sabemos que los marxistas son renuentes a criticarse unos a otros. Y véase que la crítica hacia los países referidos por su supuesta flexibilidad a la hora de decretar cuarentenas era, a la fecha del artículo de El Ciudadano, mucho más aplicable a México, dado que éste era –y aún es– el Estado que menos medidas restrictivas había tomado, de todos los pertenecientes a Hispanoamérica. ¿Quería AMLO también «quedar bien» con el «poderoso» sector empresarial?

Ni hablar de la posibilidad de que las cuarentenas inflexibles no sean ni hayan sido jamás la manera más efectiva de combatir la difusión del virus, como han señalado desde el comienzo no pocos expertos, y como lo demostrarían países como la misma Argentina, que a pesar de ser uno de los primeros en decretar cuarentena absoluta en Latinoamérica, hoy ve que sus casos de infección y fallecimientos no paran de incrementarse.

El autor, en su intento de engrandecer la «gestión» de la «heroica» Venezuela frente a los maléficos ataques de los imperialistas y sus socios, se sumerge en la típica narrativa de la izquierda más radical para hacer una serie de afirmaciones falsas y absurdas sobre la situación política de los países mencionados; empezando por la de que los gobiernos de todos ellos –con excepción de Venezuela, claro está–, son de «extrema derecha» y están «aliados» con la potencia del Norte. Si Rangel fuera un escritor medianamente serio, sabría que, de hecho, los partidos políticos donde militaban los, en ese momento, presidentes de Chile, Perú y Bolivia, son de centroderecha; que el de Lenin Moreno es de centroizquierda; que el de Justin Trudeau es de centroizquierda, según los estándares políticos canadienses; y que, aunque el de Iván Duque sea de derecha, éste no es para nada considerado un político extremista. El único caso en donde probablemente sí aplique la distinción de «extrema derecha», es el de Jair Bolsonaro. Y en cuanto a la relación entre estos estados y el dirigido por Donald Trump, está claro que no se trata de la de un imperio con sus satélites, como todo el tiempo quieren hacer pensar los marxistas a partir de su descabellada visión dicotómica del mundo. El Grupo de Lima, y Ecuador, han manifestado varias veces su rechazo a una posible intervención norteamericana en Venezuela.

La retórica de este autor, que cuenta con una gran cantidad de artículos en la web de El Ciudadano, para referirse a lo que ha estado sucediendo en Venezuela desde hace un buen tiempo, en ocasiones hace pensar que se trata de un miembro más de la dictadura, uno de esos «enchufados»[5] adoctrinado hasta los tuétanos y que recibe algún tipo de beneficio monetario por esparcir desinformación que le de buena imagen a la administración de Maduro. Y es que, de otro modo, no tiene mucho sentido que afirme que Venezuela ha estado siendo «atacada brutalmente» desde antes de la pandemia por los estados de su liga del mal; ni que el deseo de éstos es «asfixiar al pueblo venezolano y empeorar su calidad de vida a través del ataque directo a su poder adquisitivo, el saboteo de los servicios básicos fundamentales y el alza indiscriminada en los precios de los rubros de primera necesidad».

Supongo que Rangel y los idólatras latinoamericanos del marxismo creerán que las prohibiciones de entrada son, en efecto, «ataques brutales», aunque siendo este el caso, no parece lógico que el primero no mencione, de nuevo, ni a Argentina ni a México, teniendo en cuenta que estos países también cerraron sus puertas a funcionarios de la dictadura por considerarlos corruptos y cómplices de los tantos desmanes de Maduro. México incluso ha congelado cuentas de colaboradores de la dictadura y de empresas que han hecho negocios con ellas saltándose las restricciones impuestas por Estados Unidos. Bien puede decirse que el gobierno mexicano ha «atacado» al gobierno de Maduro mucho más que cualquier otro país de Suramérica.

Canadá, por su lado, ha sido un tanto más duro que México y ha sancionado a una buena cantidad de miembros del régimen madurista, congelando sus activos en territorio canadiense, impidiéndoles la entrada al país y proscribiendo los negocios que con ellos puedan realizar compañías nacionales. Y como bien se puede imaginar, la nación, de ésas que nuestro ilustrado autor incluye en su liga del mal, que ha decretado las sanciones –o «ataques», según los comunistas– más fuertes de todas, ha sido Estados Unidos, que este año inclusive llegó a poner un precio de 15 millones de dólares a la cabeza de Nicolás Maduro.

Donald Trump y Nicolás Maduro.[6]

Los primeros días de agosto del año pasado, la administración de Trump tomó la decisión de congelar todos los bienes e intereses del gobierno de Venezuela que se encuentran en Estados Unidos o bajo el poder o control de cualquier estadounidense, decretándolos intransferibles e inmanejables para ejecutar pagos, exportaciones, retiros o negocios. Acción que se sumó a otras de menor calibre que habían estado teniendo lugar ya desde la presidencia de Obama –entre ellas el bloqueo de propiedades y activos bajo jurisdicción estadounidense, pertenecientes a la petrolera estatal de Venezuela (PDVSA); y el traspaso de su filial CITGO y de varias cuentas bancarias al gobierno interino de Juan Guaidó–, y que han costado a Venezuela varios miles de millones de dólares. Véase que, aunque algunos se empecinen en negarlo bajo el alegato de que éstas están dirigidas sólo a los máximos responsables de la crisis económica, social y política de Venezuela, lo cierto es que las sanciones estadounidenses –y de la Unión Europea, hay que agregar– perjudican bastante a la población; y es que las cosas no podrían ser de otro modo en un país donde el estado ha desempeñado, casi desde sus inicios, un rol eminentemente paternalista.

Si bien las medidas del gobierno de Trump y del Departamento del Tesoro norteamericano no restringen sobre el papel las compras de alimentos ni de productos relacionados con este rubro, ni mucho menos apuntan al sector privado venezolano, producen terribles consecuencias en ambos casos debido a que históricamente los sectores empresarial y agrícola en el país han dependido de los subsidios derivados de la renta petrolera; lo que, por su lado, da cuenta del verdadero origen de todas las crisis que ahora afectan a la nación llanera.

Bibliografía

BBC. ¿Embargo a Venezuela?: en qué se parecen y diferencian las sanciones de EE.UU. contra Caracas a las de Cuba. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-49252931

BBC. Coronavirus | Cómo hace frente al covid-19 cada país de América Latina. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-51881075

Deustche Welle. Jueza de EE.UU. declara válidos bonos 2020 de PDVSA. https://www.dw.com/es/jueza-de-eeuu-declara-v%C3%A1lidos-bonos-2020-de-pdvsa/a-55307326

Diego Oré; Reuters. México congela cuentas a los acusados por EEUU de ayudar a Venezuela a evadir sanciones. https://lta.reuters.com/article/idLTAKBN23Q37T

El Mostrador. HRW y Johns Hopkins: Maduro miente sobre cifra de muertes por coronavirus en Venezuela. https://www.elmostrador.cl/dia/2020/05/26/hrw-y-johns-hopkins-maduro-miente-sobre-cifra-de-muertes-por-coronavirus-en-venezuela/

EFE. Un juez de EEUU autoriza la incautación de Citgo, filial de PDVSA. https://www.efe.com/efe/america/economia/un-juez-de-eeuu-autoriza-la-incautacion-citgo-filial-pdvsa/20000011-3716395

El Confidencial. Cronología de nacionalizaciones y expropiaciones en Venezuela desde 2007. https://www.dinero.com/internacional/articulo/cronologia-nacionalizaciones-expropiaciones-venezuela-desde-2007/106712

El País. El Estado venezolano tomará el control de la mayor mina de oro del país. https://elpais.com/internacional/2008/11/06/actualidad/1225926004_850215.html

Eva Vergara; Associated Press. Canadá impone más sanciones al gobierno venezolano. https://apnews.com/article/8abc75f3373849d283bf1522dc0f6bad

Human Rights Watch. La crisis del sistema de salud de Venezuela. https://www.hrw.org/es/news/2015/04/29/la-crisis-del-sistema-de-salud-de-venezuela

Human Rights Watch. Venezuela necesita ayuda humanitaria urgente para combatir la Covid-19. https://www.hrw.org/es/news/2020/05/26/venezuela-necesita-ayuda-humanitaria-urgente-para-combatir-la-covid-19

Jeanfreddy Gutierrez; Efecto Cocuyo. ¿Venezuela es el país que hace más pruebas para COVID-19 como dijo Maduro? https://efectococuyo.com/coronavirus/pruebas-latam-caribe-venezuela/

Juan Paullier; BBC. Lo que se sabe de las expropiaciones de Chávez. https://www.bbc.com/mundo/noticias/2012/01/111207_venezuela_economia_expropiaciones_chavez_jp

Leonardo Vera; Nuso. ¿Cómo explicar la catástrofe económica venezolana? https://nuso.org/articulo/como-explicar-la-catastrofe-economica-venezolana/

Miguel Ángel Santos, Douglas Barrios; Prodavinci. ¿Cuánto puede tomarle a Venezuela recuperarse del colapso económico y qué debemos hacer? https://prodavinci.com/cuanto-puede-tomarle-a-venezuela-recuperarse-del-colapso-economico-y-que-debemos-hacer/

Raúl Castillo; ABC. El ABC de las sanciones de EE UU: ¿realmente influyen en la crisis económica venezolana? https://eldiario.com/2020/09/26/sanciones-influencia-estados-unidos-venezuela/

Statista. Los países más y menos preparados para una epidemia. https://es.statista.com/grafico/20971/capacidad-de-respuesta-a-una-epidemia-o-pandemia-en-2019/

Transparencia Venezuela. Las cifras rojas de la industria cementera en manos del Estado venezolano. https://transparencia.org.ve/project/las-cifras-rojas-la-industria-cementera-manos-del-estado-venezolano/


[1] El Cojonero. LAS 55 PREGUNTAS QUE NADIE SE ATREVE A HACER SOBRE EL HOLOCUENTO. https://elcojoneroblog.com/2017/01/28/las-55-preguntas-que-nadie-se-atreve-a-hacer-sobre-el-holocuento/comment-page-1/

[2] Noticiero Venevisión. Trabajadores de los hospitales protestaron por falta de insumos. http://www.noticierovenevision.net/noticias/nacional/trabajadores-de-los-hospitales-protestan-en-la-calle-por-falta-de-insumos

[3] Deustche Welle. Los hospitales de Venezuela: un campo de batalla a muerte. https://www.dw.com/es/los-hospitales-de-venezuela-un-campo-de-batalla-a-muerte/a-47981631

[4] A Punto. Diputado Valero: “En Venezuela se triplicó el hambre en los últimos años”. https://apuntoenlinea.net/2020/10/16/diputado-valero-en-venezuela-se-triplico-el-hambre-en-los-ultimos-anos/

[5] Así le dicen en Venezuela a los que todavía apoyan la dictadura.

[6] CNN. Trump impone nuevas sanciones a Venezuela. https://cnnespanol.cnn.com/2018/05/21/trump-impone-nuevas-sanciones-a-venezuela/