Este 25 de octubre tendrá lugar en Chile un plebiscito en el que se preguntará a la ciudadanía si está de acuerdo o no con crear una Nueva Constitución Nacional y sobre el método que prefiere para ello, respecto a lo cual tendrá que elegir entre una Convención Mixta Constitucional, integrada en partes iguales por parlamentarios y candidatos electos popularmente, y una Convención Constituyente, compuesta sólo por miembros elegidos a través de voto popular.

La demanda de una nueva constitución, en sustitución a la de 1980, promulgada bajo la dictadura de Augusto Pinochet, no es nada reciente; de hecho, habría iniciado ya en esa misma década, logrando un importante avance en 1989, cuando a través de un plebiscito la sociedad se mostrara a favor de aplicar 54 reformas entre las que se incluyeron: la vinculación de Chile a tratados internacionales en materia de derechos humanos; la eliminación de la facultad presidencial de disolver la Cámara de Diputados; y el establecimiento del deber por parte de los órganos del Estado, de respetar y promover los derechos esenciales de las personas.

Como curiosidad, después de típicas negociaciones en la esfera política, estas reformas fueron respaldadas por la gran mayoría de las organizaciones tanto del gobierno como de oposición. Oponiéndose a ellas sólo algunos partidos, entre los que se encontraban el Comunista, el Socialista Chileno y el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria). ¡Qué raro es ver a movimientos de extrema izquierda en contra de soluciones pacíficas negociadas! ¡Si la practicidad es lo que suele caracterizarlos! No es habitual que tiendan a imponer sus ideologías por sobre la democracia misma.

Plebiscito de 1989.[1]

Después de la entrada a la democracia, las presiones por una nueva Carta Magna continuaron y dieron paso a más de una treintena de modificaciones a lo largo de los años hasta el presente, si bien ninguna de ellas, en opinión de no pocos analistas, ha sido sustantiva. Entre las que más resaltan se encuentra la del 2005, en la que, entre otras cosas, se redujo el período presidencial a 4 años y se eliminaron los senadores designados y vitalicios.

Durante su segundo mandato, la expresidenta Michelle Bachelet impulsaría un proceso constituyente que, pese a contar con la participación de más de doscientas mil personas, no llegaría a buen puerto debido esencialmente a la tardanza en la elaboración del texto constitucional y su envío al congreso, y a la negativa de la siguiente administración, la de Piñera, de seguir con tal proyecto. El estallido social que tuvo lugar en octubre del año pasado constituiría un verdadero punto de inflexión para este asunto, ya que haría que la mayoría de los partidos acordara, un mes después, llevar a cabo una consulta popular para decidir de una vez por todas el destino de la constitución del 80.

La exigencia de una nueva constitución, así como la lucha contra la desigualdad, se volvió una de las banderas de las protestas ciudadanas, y así, hoy la mayoría de los chilenos, según las encuestas, cree que la Carta Fundamental del país debe ser reescrita, probablemente a través de individuos elegidos por voto popular. Es en este punto en donde surge la pregunta ¿En verdad es necesario reformular la Carta Magna para solucionar o menguar los problemas del país? ¿Qué implicaciones podría tener tal acontecimiento? Y ¿Cuáles son esos problemas que se esperan solventar mediante la nueva constitución?

Estallido social Chile.[2]

Para empezar, si la elaboración de nuevas constituciones fuera una forma efectiva de mejorar la situación de una república, uno podría esperar que las naciones que más han reescrito su Carta Magna sean las que menos dificultades atraviesan. Sin embargo, éste claramente no es el caso, como lo demuestran ciertos estados en Latinoamérica que actualmente se hallan en la ruina, como Venezuela, que ha tenido 26 constituciones en su historia, o Haití, con 24.

Y antes de que así se piense, este artículo no es una apología de ese rechazo a una nueva constitución que algunas personas promueven de forma inflexible basándose en augurios apocalípticos y casi negando los visibles problemas de Chile. Nada de eso, es más bien un intento de reflexión, de parte de un inmigrante venezolano, sobre las consecuencias que podrían derivar de tal proceso. Siendo la primera de ellas, a mi parecer, el hecho de que mucha gente en verdad crea que con una nueva constitución su vida va a mejorar y entonces no se preocupe por buscar las verdaderas soluciones de los problemas que, como parte de la sociedad, le aquejan.

Aunque probablemente haya buenos argumentos para el cambio de constitución, uno puede apreciar en la cotidianidad que comúnmente la gente no tiene demasiada idea respecto a qué cosa específica debe reescribirse y cómo eso va a resolver cuál problema. En líneas generales las exigencias que más se escuchan son las de: mayor acceso a educación y salud de calidad; pensiones dignas; reducción de la desigualdad; e inclusión social. Otros van un tanto más allá y exponen que el origen de todos los males es el «sistema neoliberal» que ha regido al país desde la dictadura y que, por tanto, este debe ser sustituido por uno mucho más social. Pero aún así, casi nadie, al menos que yo haya visto, parece conocer una alternativa concreta para, por ejemplo, incrementar las pensiones o hacer más dignos la educación y el servicio de salud de los sectores más vulnerables.

El grave dilema de esta falta de conocimiento de los electores sobre los mecanismos más adecuados para satisfacer sus aspiraciones es que, como ha sucedido en Venezuela y apuesto a que, en todos los países de Latinoamérica, se termina creyendo en los planteamientos simplistas y emocionales de hábiles políticos que hacen descabelladas promesas a cambio de la obtención de votos. Y así, muchos terminan confiando ciegamente en que las ideas de nacionalización de empresas, cobro de mayores impuestos a los ricos, otorgamiento de más subsidios, y participación estatal en la economía, entre otras, constituyen el camino a seguir. Creo que sobran ejemplos de la catástrofe que esa clase de políticas puede generar.

Chávez antes de ser electo presidente por primera vez.[3]

Es en este punto donde los inmigrantes venezolanos que residimos en este país sentimos preocupación, pues, guardando las debidas diferencias, ya vimos, y vivimos, los efectos de la euforia colectiva de un pueblo que legítimamente reclamaba por dignidad, pero que, por no pensar mucho las cosas, terminó entregándole su destino a un hombre y a un partido cuyo sistema y políticas provocaron destrucción y miseria. Y no crean que nadie nos advirtió de lo que podría suceder si elegíamos a Chávez, que él nos haría ser una segunda Cuba y que su gobierno en realidad terminaría agravando todas las dificultades que ya teníamos; claro que una buena cantidad de respetados analistas lo dijeron en su momento, pero, como ya se sabe, la mayoría de los venezolanos hizo oídos sordos. Así como hacen ciertos amigos míos, chilenos, cuando les comento que creo que el manejo estatal de los recursos naturales, sin más, es una pésima idea; y que la administración pública no es especialmente mejor o más honesta que la privada.

Durante su campaña, antes de asumir la presidencia, Chávez también hablaba de la necesidad de cambiar el «modelo neoliberal» que, según él, imperaba en Venezuela desde los 60, y lo hacía en términos incluso no tan radicales como los que expresan hoy ciertos políticos chilenos. Lo más curioso de esto es que en Venezuela, desde que llegara la democracia, el estatismo jamás ha dejado de practicarse; Chávez lo que hizo fue exacerbarlo hasta el extremo. ¿No es esto acaso una patente evidencia de que debe tenerse mucho cuidado con la intervención del estado en ciertos asuntos? Me atrevo a decir que, desde la independencia en adelante, ningún Estado en la historia de Latinoamérica ha manejado una cantidad de recursos económicos tan alta como el venezolano, lo que prueba que más estado no es sinónimo de más progreso y desarrollo.

En cuanto al supuesto fracaso del modelo neoliberal, no parece ser una apreciación que tenga mucho sentido, considerando que Chile, hasta hace muy poco, era considerada como una de las naciones más prósperas de Latinoamérica. Algo que los inmigrantes podemos corroborar sin necesidad de recurrir a datos duros, y es que uno se entera de la realidad de los otros países de la región a través de todos los conocidos que han llegado a ellos huyendo del socialismo venezolano, y en ese sentido puedo decirles que en promedio Chile ofrece más estabilidad y oportunidades de desarrollo que en cualquier otro país vecino ¿De verdad es un modelo fracasado ése que ha atraído a tantos inmigrantes a él en los últimos años?

De acuerdo con un ranking publicado por el Foro Económico Mundial en febrero de este año, Chile es el tercer país de la región con mayor movilidad social, por detrás de Costa Rica y Uruguay; lo que quiere decir que aquí es más probable que en la mayoría de las naciones de la región, que una persona de bajos recursos se haga parte en algún momento de su vida del sector con ingresos más altos. Siguiendo a la CEPAL, Chile sería la segunda nación latinoamericana con menor cantidad de población viviendo en la pobreza; y a su vez, una de las que más la ha reducido en los últimos 30 años. Tiene el PIB per cápita más alto de Hispanoamérica, sólo por detrás de Panamá. Y aunque está entre los 10 países más desiguales del continente, véase que no es el más desigual, estudios como el del director del Instituto de Economía de la Universidad Católica, Claudio Sapelli, dan cuenta de cómo ésta se ha ido reduciendo entre generaciones; concluyendo que la desigualdad entre los jóvenes de hoy es bastante menor que la que tuvieron sus ascendientes. ¿Tiene sentido entonces el argumento de un modelo económico fallido que debe ser sustituido? ¿O se trata de la típica tendencia de los partidos políticos de izquierda, de hallar en un «modelo neoliberal» la causa de todos los problemas?

Movilidad social en Chile.[4]

Hace algún tiempo alguien me decía que el descontento de la sociedad en Chile iba mucho más allá de los intereses de cualquier sector político, que estaba dirigido tanto hacia la derecha como hacia la izquierda; cosa que me parece muy cierta. La falla en tal opinión es que no considera que la gente, por muy enfadada que esté con la clase política, va a tener que confiarle a ésta la solución de sus exigencias, y que, de nuevo, debido a la poca conciencia sobre el asunto, se sentirá más atraída a propuestas simplistas que constituyan cambios aparentemente buenos y sustanciales; como sucediera en Venezuela al final de los 90. A esta misma persona, que se muestra de acuerdo con la nacionalización de las AFP y otras medida de ese estilo, le preguntó ¿Cómo es que estás descontento con los políticos si deseas entregarles más poder?

Chile tiene evidentes problemas que perjudican y limitan el bienestar de su población, y cuya solución, sin duda, debe priorizarse, como se demostró en el estallido social del año pasado. Es probable que los argumentos a favor de una nueva constitución sean más razonables y fuertes que los que están en contra de ella. Aun así, si los electores no toman verdadera consciencia sobre las cosas que estarán en juego a partir de la decisión que tomen, y de la necesidad de llegar a acuerdos con quienes no piensan igual, como sucede en las buenas democracias, en vez de imponer agendas a partir de arrebatos emocionales, no sólo no van a lograr resolver nada con el cambio de la Carta Magna, sino que éste bien puede terminar generando en el país problemas mucho más graves de los que tiene.

Bibliografía

Andrés Muñoz y Cecilia Román; La Tercera. ¿Por qué no prosperó el proceso constitucional de Bachelet?: Cuando se echó por la borda una Convención Constituyente. https://www.latercera.com/la-tercera-pm/noticia/no-prospero-proceso-constitucional-bachelet-cuando-se-echo-la-borda-una-convencion-constituyente/897460/

Claudio Sapelli; Universidad Católica de Chile. Desigualdad, movilidad, pobreza: necesidad de una política social diferente (2014).

Daniel Nuñez Durán; Diario Concepción. Factor Lagos: los efectos de la última reforma constitucional. https://www.diarioconcepcion.cl/politica/2020/10/04/factor-lagos-los-efectos-de-la-ultima-reforma-constitucional.html

Ekos. Los países de América Latina con el mejor PIB per cápita. https://www.ekosnegocios.com/articulo/los-paises-de-america-latina-con-el-mejor-pib-per-capita

Héctor Basoalto; La Tercera. Presidenta del TC: “Yo creo que hay un problema de sobreexpectativas en que la Constitución es el instrumento que va a resolver los problemas de las personas”. https://www.latercera.com/nacional/noticia/presidenta-del-tc-creo-problema-sobreexpectativas-la-constitucion-instrumento-va-resolver-los-problemas-las-personas/999907/

Johnny Giraldo López; La República. Chile y Costa Rica tienen los niveles más bajos de pobreza según informe de Cepal. https://www.larepublica.co/globoeconomia/chile-y-costa-rica-tienen-los-niveles-mas-bajos-de-pobreza-segun-informe-de-cepal-2814860

Juan Pablo Monsalve; France 24. El rostro del descontento en Chile: quiénes protestan y cuáles son sus demandas. https://www.france24.com/es/20191026-quienes-demandas-protestas-chile-radiografia

Libre Mercado. Las economías libres tienen más esperanza de vida, menos pobreza y mejor democracia. https://www.libremercado.com/2017-08-22/las-economias-libres-tienen-mas-esperanza-de-vida-menos-pobreza-y-mejor-democracia-1276604638/

Marcelo Castro; Diario Concepción. Las diferencias entre las Convenciones Constitucional y Mixta. https://www.diarioconcepcion.cl/politica/2020/10/04/las-diferencias-entre-las-convenciones-constitucional-y-mixta.html

María Luisa Carrión; CNN Chile. Plebiscito de 1989, el día que la Concertación y la dictadura fueron juntas por el Apruebo. https://www.cnnchile.com/pais/plebiscito-1989-54-reformas-constitucionales-apruebo_20201007/

Maximiliano Vega; La tercera. Cambios a la Constitución: una demanda recurrente que cumple 40 años. https://www.latercera.com/reconstitucion/noticia/cambios-a-la-constitucion-una-demanda-recurrente-que-cumple-40-anos/P3EPYUWRVNBLPNK7TA6G7Y4FPE/

Televisión Universidad de Concepción. Plebiscito 2020: Chile ha tenido 10 constituciones y en ninguna se consultó primero a los chilenos. https://www.tvu.cl/prensa/tvu-noticias/2020/09/24/plebiscito-2020-chile-ha-tenido-10-constituciones-y-en-ninguna-se-consulto-primero-a-los-chilenos.html


[1] Claudio Alvarado; 1989: El otro plebiscito. https://www.latercera.com/la-tercera-pm/noticia/1989-el-otro-plebiscito/755851/

[2] Jaime Bassa; Ciper. Proyectando los contenidos de una nueva Constitución. https://www.ciperchile.cl/2020/01/03/proyectando-los-contenidos-de-una-nueva-constitucion/

[3] Alba Ciudad. Qué significan 12 años para la revolución bolivariana. https://albaciudad.org/2011/02/que-significan-12-anos-para-la-revolucion-bolivariana/

[4] El Mostrador. Los países de América Latina en los que la gente tiene más posibilidades de prosperar (y cuáles son los del mundo). https://www.elmostrador.cl/mercados/2020/01/24/los-paises-de-america-latina-en-los-que-la-gente-tiene-mas-posibilidades-de-prosperar-y-cuales-son-los-del-mundo/