Para el año 3400 a.C., las comunidades que desde hacía cientos de años habitaban lo que hoy es Egipto, ya empezaban a compartir una cultura similar, pese a vivir bajo distintas estructuras políticas. Después de casi un par de milenios, dentro de la red de aldeas ya establecidas y distribuidas a lo largo del territorio, se notaba ahora una organización social mucho más compleja y ordenada, en la que coexistían tres centros de poder; todos hallados en un tramo de 125 millas, en la mitad sur de la región. Conocidos hoy como Hieracómpolis, Naqada y Abidos, estos sitios manifestaban –en especial a través de sus cementerios–, lo desarrollado que, en ese entonces, ya se encontraba el proceso de estratificación social que hubo de comenzar siglos antes.

En este tiempo, el poder y la riqueza ya se hallaba concentrado en pocas manos, y las diferencias culturales no eran tan distintivas como en épocas anteriores. Naqada y Hieracómpolis, las comunidades más grandes de entonces –rodeadas por aldeas o poblaciones más pequeñas– dependían por completo de la agricultura. En el Delta del Nilo también había comunidades comparativamente ricas, como la de Maadi, donde se intercambiaban bienes con el Alto Egipto y otras culturas del Este. El Delta, a decir verdad, habría sido parte de una larga red de comercio que se extendía, por el Este, hasta Mesopotamia, y por el Oeste, hasta los grandes oasis del desierto[1]. Buto, al norte del Delta, pudo ser a su vez un importante puerto de una ruta comercial marítima a través de la que se transportaban grandes cantidades de madera, aceites, vino y valiosos recursos en bruto. Egipto era, de este modo, un intrincado socio en la red de comercio de la región de esa época.

Cambios en el ambiente empezarían, de un momento a otro, a afectar la vida de las personas; comenzando por la interrupción de las lluvias estacionales, que habían permitido y fomentado el estilo de vida pastoral al Oeste del Nilo. Muy de a poco –tal vez a lo largo de 100 años o más– las lluvias se hicieron más impredecibles, y esto llevó a que los grupos de gente ubicados más allá del llamado «aluvión negro»[2] del Nilo, que antes se dedicaban al cultivo y al pastoreo, migraran a zonas más cercanas al río, ya pobladas.

A veces sería sencillo alimentar a los nuevos residentes del valle[3], dada la abundancia de recursos disponibles; en otras temporadas, esto se haría bastante más difícil, debido a la insuficiencia de los mismos. Y ante la odiosa perspectiva de más bocas que alimentar, surgieron cambios positivos. La necesidad de alimentar a más individuos dio paso a una mejor organización de los recursos, y a la expansión de la tierra cultivable. Por su lado, puesto que no todos estaban directamente relacionados con la agricultura, apareció un sistema de intercambios socialmente aceptable. Estaba apareciendo una sociedad compleja en su forma más rudimentaria.

Otro cambio ambiental que pudo haber tenido lugar junto con la variación climática hacia la aridez, y que habría incrementado la densidad de la población aledaña al Nilo y fomentado una mayor organización, es el decrecimiento de la altura promedio de las inundaciones[4]. Hecho que, si bien no está confirmado del todo en la actualidad, puede hallarse detrás de las mejoras en la eficiencia de los trabajos de irrigación, y en la expansión del almacenamiento y red de distribución de alimentos.

El Valle y el Delta del Nilo[5].

Muchos arqueólogos consideran que en el desarrollo de sistemas de irrigación se encuentra la génesis de las civilizaciones, cosa que, no obstante, no se puede aplicar del todo a la civilización egipcia, pues sus sistemas, contrarios a los de Mesopotamia o China, consistían en cuencas naturales producidas por la topografía convexa del Nilo, y cuyas reservas de agua se utilizaban para mantener constantes los efectos de la inundación anual. De modo que, contrario a los extensos y lineales canales mesopotámicos, los sistemas de riego egipcios estaban localizados; y así, cualquier provecho político que se le pudiera sacar a éstos, se hallaba restringido a una determinada área geográfica.

Claro que, aunque constituyeran asuntos menores en comparación con lo que ocurría en otras civilizaciones, dichos sistemas eran sensibles a la manipulación política, pues representaban un punto focal de la organización y sentimiento comunitario. Y así, tal y como lo confirman textos posteriores egipcios, era normal que el establecimiento y mantenimiento de las redes de irrigación fueran tarea de líderes locales o de aquellos que aspiraban a serlo. La cabeza de maza del rey Escorpión, encontrada en Hieracómpolis, expone cómo este supuesto rey inaugura ceremonialmente un canal de riego, cavando probablemente la primera pala en la tierra; y demostrando con ello que apreciaba el hecho de que, con patrocinar tal proyecto, entraría en una deuda de servicios mutua con la población.

Con todo, el verdadero poder de esta naciente civilización egipcia, en mayor grado que cualquier otra temprana cultura, procedía de su producción agrícola, que, incluso desde épocas anteriores y gracias a su relativamente avanzado sistema de almacenamiento y distribución, dejaba excedentes que permitían a parte de la población dedicarse a las artesanías, política o religión. Estos individuos se convertirían en una suerte de especialistas, cambiarían sus servicios por comida y eventualmente dominarían a la sociedad.

Cabeza de maza de Escorpión[6].

Aunque en el Valle del Nilo continuaban predominando aldeas esencialmente agrícolas, los centros urbanos que surgieron –probablemente en áreas donde los excedentes eran almacenados y distribuidos de forma más efectiva, como en los puntos terminales de las rutas de comercio del desierto o en las adyacencias de los puertos naturales a lo largo del río–, albergaban una mayor población y ofrecían un rango más amplio de bienes y servicios que las primeras. Muchos, asimismo, cumplían una función religiosa, siendo centros de culto dedicados a una deidad específica. De acuerdo con evidencias arqueológicas encontradas en Hieracómpolis, santuarios o templos serían una característica común de las ciudades; lugares que atraían a la gente y que, por lo tanto, constituían escenarios para que los individuos con pretensiones políticas aumentaran su número de seguidores.  

La tumba pintada de Hieracómpolis[7], un tipo de estructura que sólo podría haber sido construida para las personas más ricas, demuestra que, ya en este tiempo, esta ciudad era el hogar de los referidos líderes políticos. Y así como ella, Naqada, gracias en parte a que se encontraba en una importante encrucijada para el comercio con el Este a través de Wadi Hammamat[8]; Buto y Maadi, esta vez en el Delta, también aumentaron su poder económico y político frente a las villas que las rodeaban. La vida en todas éstas era más cosmopolita que en las aldeas, y habría consistido en una conglomeración de áreas residenciales intercaladas con campos y jardines y ubicadas alrededor de varios templos y complejos administrativos; los que a su vez formaban una comunidad que amalgamaba a un cierto número de poblaciones más pequeñas y semindependientes, que no se hallaban estratificadas por estatus o profesión.

Con todo, estas ciudades están lejos de parecerse a cualquier imagen de la época que se puede encontrar en internet hoy en día, pues en ellas las calles no emergían a la superficie, había un muy bajo nivel de saneamiento y ningún sistema de drenaje –las aguas residuales simplemente drenaban al subsuelo–. La basura doméstica se apilaba en los tejados, callejones y en casi cualquier área disponible. A medida que las áreas urbanas crecían, estos montones de basura se nivelaban y eventualmente se quemaban, permitiendo la construcción de nuevas casas y vecindarios sobre ellos.

Y aunque el estilo de vida de los egipcios que residían permanentemente en estas ciudades difería de aquellos de las aldeas, todos estaban atados de una u otra manera a la actividad agrícola. Hasta los burócratas debían lidiar con el arrendamiento de tierras, la contabilización de cosechas e impuestos y la redistribución de ingresos. Actividades mediante las que, asimismo, los gobiernos de las ciudades y pueblos intervenían en la sociedad rural. Sumadas al reclutamiento de fuerzas laborales militares y estatales, el esfuerzo judicial y otras regulaciones que afectaban la vida cotidiana.

Otro de los factores instrumentales del florecimiento de la civilización egipcia habría sido su contacto con culturas del Este, Oeste y el Sur. Bastante claro en los grandes centros urbanos del período de Naqada III, según las evidencias arqueológicas. Incluso hay académicos que sugieren, pese a las pocas pruebas que hay de ello, que fue una cultura de origen externo la que entró a Egipto y le enseño a los habitantes indígenas del Nilo los fundamentos para erigir una civilización. Sin embargo, lo más razonable hasta ahora es que los egipcios se hayan apropiado de tales conceptos para llevar a cabo el trabajo por propia cuenta.

Un ejemplo de esto podría ser, tal vez, la escritura, que, se dice, pudo haber nacido a partir de la influencia mesopotámica; debido a que la idea de que una imagen pueda transmitir una palabra y que las palabras que no se entiendan fácilmente a través de una imagen puedan ser transmitidas fonéticamente por una serie de imágenes, se suponía hasta hace poco, tiene origen en esta región. Claro que descubrimientos en Abidos sugieren que ambas escrituras, mesopotámica y egipcia, aparecieron al mismo tiempo. Por otra parte, el origen de la escritura en Egipto, como en Mesopotamia, está vinculado a una creciente administración nacional. La supervisión y el control de una floreciente burocracia, la implementación de un sistema tributario y el seguimiento de la importación y exportación de bienes comerciales, requerirían un medio de contabilidad.

Puede que, por separado, cada uno de estos elementos –influencia y comercio extranjeros, mejoras en los sistemas de riego, excedentes agrícolas y cambios climáticos–, no sea suficientes para determinar por qué las aldeas y ciudades egipcias se unieron para formar la más temprana y dinámica de las civilizaciones antiguas, pero, cuando se juntan, no se puede negar que influenciaron la cultura predinástica de manera definitiva para establecer los cimientos de la sociedad venidera. Todos estos factores, y tal vez algún otro no conocido hasta ahora, abrieron paso a la necesidad de organización comunitaria mediante un gobierno centralizado. Tal grupo o individuo, ya sea por la fuerza o de un modo benigno, eventualmente organizaría a la creciente población para que pudiera ser efectivamente guiada a apoyar las obras públicas y las oficinas administrativas. Y de este modo, en Naqada III, aparecerían varios gobernantes poderosos para controlar grandes áreas a lo largo del Valle del Nilo. 

Debido a que desiertos y mares bordeaban el Valle del Nilo, la región se encontraba bien aislada de la amenaza de ejércitos extranjeros; no así para prevenir barcos y caravanas de comercio. Jefes locales habrían visto en el influjo de bienes y servicios de otras regiones, la oportunidad de tomar un rol determinante en el intercambio cultura, eventualmente amasando una gran riqueza y el poder derivado de ella. El control de puertos y de la entrada a la zona se haría de un momento a otro la meta de los gobernadores provinciales, puesto que ello se traducía en poder, riqueza y, por tanto, dominio político.

Más o menos a la mitad del período de Naqada III, todos los elementos de la civilización dinástica estaban sobre la mesa. Falta sólo la unificación del país bajo un solo gobernante. Y a pesar de que hay evidencias de que este último paso fue violento, con un dirigente del Alto Egipto anexando a la fuerza el territorio vecino a sus propias posesiones, la mayoría de éstas señalan una unión más pacífica, a través principalmente de medios económicos en lugar de combate físico; el que, no obstante, habría ocurrido en algunas instancias.

Paleta de Narmer[9].

La investigación académica da cuenta de que, a través del tiempo, el Bajo Egipto adoptaría por completo las tradiciones y bienes materiales del Alto; a través de un proceso voluntario que simplemente envolvió las culturas del Delta a tal nivel, que los llevó a abandonar sus propias costumbres. De un momento a otro el Valle del Nilo abrazaría el nuevo régimen político y a su gobernante, permitiendo el nacimiento de la primera gran nación. Las batallas entre el nuevo dirigente y las áreas que se resistieron a unírsele –siendo anexadas por la fuerza–, serían quizá retratadas en los objetos conmemorativos.

La construcción de cualquier gran nación es un asunto complejo, y sin duda tuvo que serlo mucho más en el Antiguo Egipto, debido a que aquí no existía ningún borrador para ello; nunca un área inmensa había estado bajo el control de un único grupo o individuo. Proceso que, dada la insuficiencia del desarrollo de la escritura, fue transmitido en un inicio a través de las historias de aventuras heroicas, y que más tarde sería grabado en forma escrita. Historias que tenían el objetivo de unificar al pueblo, más que de presentar información precisa. A través del engrandecimiento de la figura del rey, reflejado en ellas, éste tomaría el aire de un dios en la tierra y se haría con el respeto y la confianza de la gente.

Con todo, una de las razones sustanciales para la aceptación del nuevo orden y su longevidad futura, sería que no amenazaba con cambiar la vida de la persona promedio, más allá de obligarlos a tratar ahora con un mayor número de oficinas y administradores burocráticos. Y aunque la clase dominante probablemente sí experimentó cambios drásticos, y ciertamente todos tenían que pagar más impuestos, en términos generales todo se mantuvo similar a las épicas pasadas. Por otro lado, las cosas mejorarían bajo el nuevo gobierno centralizado, dado que un nivel adicional de seguridad aparecería con él, y males como la hambruna, la anarquía y la intervención foránea se verían mitigados.

Bibliografía Principal

Douglas J. Brewer. Ancient Egypt, Foundations of a Civilization (Reino Unido, 2005)

Kathryn A. Bard. Introduction to the Archaeology of Ancient Egypt (2007).

Marc Van De Mieroop. A History of Ancient Egypt (Reino Unido, 2011).

Toby Wilkinson. Early Dynastic Egypt (Reino Unido, 1999).

Joshua Mark; Ancient History Encyclopedia. Predynastic Period in Egypt. https://www.ancient.eu/Predynastic_Period_in_Egypt/

Natalia Klimczak; Ancient Origins. https://www.ancient-origins.net/history-famous-people/searching-lost-footsteps-scorpion-kings-007598

Internet Archive. Los pobladores del Valle del Nilo. https://web.archive.org/web/20130115073136/http://www.tierradefaraones.com/pretinita_tinita/dinastias_00_0/dinastia.htm

Larkin Mitchell. Earliest Egyptian Glyphs. https://archive.archaeology.org/9903/newsbriefs/egypt.html


[1] En los actuales Egipto, Libia y Marruecos.

[2] Un cieno negro notablemente fértil que el Nilo deposita a sus alrededores mediante inundaciones anuales.  

[3] El valle del Nilo es un valle cuyo centro es este río, y que como promedio tiene 19 kilómetros de ancho desde Asuán hasta El Cairo. Se extiende hacia el Norte como una delgada cinta verde sobre el árido desierto africano. Suele estar relacionado con la parte final de la cuenca del río Nilo a su paso por Egipto

[4] Acontecimiento cíclico natural que ocurrió a lo largo de la historia en el río Nilo, permitiendo el surgimiento y desarrollo en su valle y su Delta, de la primera civilización egipcia.

[5] Wikimedia Commons. Nilevalley NASA. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Nilevalley_NASA.jpg

[6] Wikipedia. Scorpion Macehead det. https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Scorpion_Macehead_det.JPG

[7] Tumba con pintura parietal sobre yeso más antigua conocida en Egipto.

[8] Se especula que en Hammamat o en Naqada ocurrieron los primeros contactos con las culturas del Suroeste asiático.

[9] Wikimedia Commons. Narmer Palette. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Narmer_Palette.jpg